August 10th, 2017

Esta semana ha sido de lo más ajetreada en mi estudio, buena parte del equipo ha viajado por diferentes partes del país supervisando proyectos y reuniéndonos con clientes y proveedores.  En este recorrido noté que en cualquier avenida comercial de la ciudad que quieras en México continuamente un anuncio de “Diseño de Interiores” se cruza en tu camino.  ¿Apoco somos tantos? Obviamente NO.
Para empezar no todo el que vende muebles es diseñador. Ser interiorista requiere mucho más que eso. Requiere una educación prolongada en la materia, que otorga conocimientos sólidos sobre métodos constructivos, instalaciones, e iluminación. Así como una sensibilidad especial sobre texturas, colores, y materiales para su correcto uso en un espacio determinado. En un comercio de estos, no puedes esperar pagar por una silla/ mesa/ persiana y pretender llevarte todo lo anterior, sin importar cuanto “Bullshit” te jure el vendedor, debes recordar que un buen proyecto y un profesional tienen su propio costo y tiempo. (Leer Proyectos imposibles)

Segundo, como diseñador estoy comprometido con la calidad de mi portafolio, y continuamente rechazo aquellos proyectos que no contribuyen a mi desarrollo como profesional o al bienestar de mis clientes. Sé ganarme la confianza de quien me contrata y usualmente lo conservo como amigo. Doy la cara cuando un problema se presenta.(Leer Un arquitecto enfrenta sus errores)  Por otro lado un comerciante que engaña sobre sus antecedentes solamente para obtener una venta está interesado únicamente en el retorno económico inmediato que cada “presa” le traerá, huye de los conflictos y garantías, e intenta vender rápidamente un “stock” que jamás fue pensado para un proyecto o espacio específico y que en bodega se deprecia continuamente.

Como diseñador competitivo, cuando soy contratado trabajo arduamente en el proyecto, preparo con mi equipo una presentación de ideas sólidas y sólo recomiendo materiales y acabados en los que confío profundamente. Dedico tiempo y dinero a la calidad y fuerza del proyecto arriesgando, para llevar a mi cliente de su zona de confort al siguiente nivel.  Es simplemente un tema de integridad conmigo mismo y con otros diseñadores. (Leer Diseñadores integros) Un pseudo-interiorista compite en otros rubros, usualmente definido por una comisión o por el precio del producto en el mercado.

Ser diseñador es una profesión que puede complementarse con la de ser embajador de una marca – En mi caso Clarke&Clarke y NorthernLighting – cuando compartes valores de estética y diseño con esta. Sin embargo, es imprescindible tener la capacidad y conocimientos para no comprometer la integridad del proyecto por una ganancia efímera. Si no son diseñadores, NO lo pretendan, sean honestos consigo mismos y sus clientes o rápidamente mostrarán sus debilidades y lastimarán el nombre propio o el de su negocio. Gracias a ustedes cada tanto escucho algo así como: “El de enfrente está más barato” ¿No les ha pasado?

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