Confianza

Este “blog” está intencionado a contar situaciones cotidianas de mi pequeño estudio de diseño de una manera escrita. Hay quien hace vídeos, lo que parece ser mucho más “trendy”, yo escribo.  Sin embargo, se ha convertido en un confesionario de mis experiencias con proveedores, ejecutores y la humanidad en general con hasta 9,000 lectores al día. Esta experiencia es completamente nueva, nunca antes me había pasado que alguien quisiera cobrar por mi trabajo.
Un mundo pequeño. Un conocido me recomendó profesionalmente con alguien cercano a él, hasta ahí todo normal. De hecho esta es la manera en la que usualmente obtengo nuevos proyectos y clientes, esta vez no fue la excepción. Mi equipo y yo comenzamos a desarrollar un nuevo proyecto arquitectónico y aunque estoy extremadamente agradecido, y buscaré la manera apropiada de demostrarlo, es la primera vez que una recomendación me viene a exigir un porcentaje del valor total del proyecto.
Primero, no pago por recomendaciones, así que tuve que decir que no y punto. La razón responde a una pregunta, ¿Dónde quedaría mi integridad profesional? Mas aún, valoro a mi cliente lo suficiente para considerarlo capaz de discernir entre una referencia válida o no. El cliente no me da su proyecto por una simple mención de mi nombre, sino por mis credenciales, portfolio, y especialización. Segundo, tendría que agregar ese costo adicional a la factura del cliente y eso es jugársela con ventaja. No sólo una vez, cuando este sujeto recomienda a un profesional sólo por la gratificación que ello le generará, sino dos, cuando este profesional acepta y compromete su integridad y confianza del cliente.

Por más que me lo demande y le moleste, no es mi papel revelar el presupuesto total del proyecto. Ese es un secreto profesional, sin contar que muchas veces, ni siquiera yo tengo la cifra exacta. Como diseñador comparto una increíble e íntima relación con mis clientes, muchos de ellos a la larga se han vuelto auténticos amigos en quienes confió y confían en mi. Con muchos me he aventurado en más de un proyecto juntos y hemos generado alianzas personales y comerciales que nos benefician y nos convierten en profesionistas más fuertes y competitivos.

Ahora, me limito a entender que en nuestro país este es el triste estándar de las relaciones de negocios, en el que “compadrazgos” absurdos sólo nos perjudican a nosotros mismos. En algún punto todos seremos cliente de una forma u otra. Es hora de romper el ciclo y sembrar una indiscutible integridad como profesionales. A la larga, esta será la mejor recomendación. Estoy satisfecho de decir que todas las personas involucradas en mis proyectos se han ganado un lugar ahí, de ninguno he recibido nunca una participación por haberlo incluido, mi ganancia se limita a mis honorarios, y a tener otro proyecto correctamente ejecutado.

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