Idiotas

​Comúnmente veo arquitectos y diseñadores subestimados por sí mismos. Aun cuando sus capacidades podrían desarrollar proyectos de mayor envergadura, se conforman en menores escalas por diferentes circunstancias. Es lamentable cuando estas circunstancias son dictadas por la vida o por la suerte. Ni hablar, no siempre se gana y hay que recibir lo que venga de la mejor manera. Pero cuando se vive en la mediocridad auto-inducida por decisión propia, es aún más lamentable. Es meterse el pie a sí mismo. El “NO” ya lo tengo siempre. ¿Qué tengo que perder al intentar algo? Si lo piensas,  ¿Cómo puedes pedir que alguien crea en ti si tú mismo no lo haces?Recuerdo claramente el caso de una compañera de la carrera en el Tec de Monterrey. Por respeto omitiré su nombre. Ella, durante la entrega final de mi primer curso de taller de arquitectura bajo la tutela del arquitecto regiomontano Daniel Martínez, presentó un trabajo espectacular. Me quedé impactado por el poder de la tectónica de su proyecto y las bellas proporciones que reflejaban sus líneas. Incluso comenté con un buen amigo de esa época que una vez en la práctica profesional sería una competidora fuerte y digna. Ansiaba ver qué haría con su proyecto de vida profesional, y si tenía suficiente suerte, los interesantes proyectos que generaría su trabajo cuando el momento llegará. Hace un año se casó en una fiesta bella y suntuosa con un chico que no ha luchado por nada en la vida, heredero de unas de las cúpulas mas fuertes del empresariado regio, decidió dejar la arquitectura para dedicarse a ser una buena esposa de tiempo completo. Una estupidez en todos los sentidos. No sólo optó por la vida cómoda y con privilegios por encima de las satisfacciones profesionales, sino que siguió fomentando el estereotipo. Un estereotipo esperado que no supe ver eclipsado por su talento. Y así el momento nunca llegó. Qué triste desperdicio de capacidades, de buen gusto, y de  recursos tanto económicos como políticos. Quién pierde aquí no sólo es ella, sino todos. La ciudad, el país, y la sociedad en general. ¿Acaso como ciudadanos no tenemos también un compromiso de utilizar nuestros talentos en Pro de un México mejor? ¿Acaso no tenemos también un compromiso con los demás? Tenemos que dejar de vivir en lo individual y comenzar a vivir en lo colectivo. Al igual que el de ella, he visto muchos casos de ex compañeros y ex compañeras que se han conformado con no hacer nada de sus vidas porque no han querido sortear la competencia y/o las adversidades propias de cualquier profesión, aun cuando tenían todas las herramientas para lograrlo. A estos arquitectos la “hueva” les ha ganado una y otra vez. Marcela González , de Oficio Arquitectura, un taller de diseño regiomontano, es la vuelta a la moneda. A ella le admiro su destreza profesional y la calidad tectónica de sus proyectos. Ha sabido sin duda sortear las adversidades de la profesión y al mismo tiempo ser fiel a su arquitectura. Nada de esto puede ser sólo producto de la suerte; viene acompañado de sacrificios profesionales e incomodidades personales. Pero así es la vida de quienes tenemos las agallas de trascender más allá de lo personal, de quienes no queremos vivir en la mediocridad. Muchos dirán que es muy respetable lo que cada quién quiera hacer con su vida. Con esto puedo estar de acuerdo. ¿Pero quedarte en tu casa haciendo nada? ¿Aun con tus capacidades? No lo entiendo. Espero que su decisión no sea definitiva, y probablemente en algun punto regrese con exito a la practica profesional; Ojalá.  La Arquitectura en cualquier universidad es una de las asignaturas más demandantes que existen. No es la carrera a escoger para, como dicen, “en lo que te casas”. La arquitectura requiere sacrificios constantes. Lo personal no esta necesariamente peleado con lo profesional y estoy seguro que con  esfuerzo se pueden combinar ambas áreas. Muchas y muchos de mis compañeros que terminaron la carrera sin pasión y nadando de “muertito” se merecen ser arquitectos sólo de título, haciendo nada, aburridos en sus casas sin destacar ni trascender en ningún ámbito. Para ellos, el ser mediocre es una elección, pues teniendo los recursos, optaron por la pasividad y la comodidad. ​ Qué vergüenza.

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