Inicios

​Hace 4 años cuando tuve la fortuna de que se me encomendara diseñar el taller creativo de Cofer, tenia 26 años, estudiaba el último semestre de la maestría en la UMKC en Estados Unidos, y la realidad es que al igual que con el ultimo semestre de la carrera de arquitectura en el Tec de Monterrey, no tenía muy claro que quería hacer o hacia que lugar quería dirigir mi vida. Pero tenía claro que no quería seguir pasando inviernos fríos en Missouri, USA y que me urgía vivir en la playa. Es por eso que propuse a los socios de COFER que el taller se encontrara en Los Cabos, México. Gracias a Dios aceptaron. Aún en Estados Unidos decidí iniciar el proceso de diseño haciendo una encuesta. Esta es una herramienta que de hecho usamos muchísimo en el estudio actualmente, incluso en favor de los clientes que están aferrados a una idea errónea, y la confrontamos con otra que consideramos mejor en redes sociales y gracias a nuestros followers hemos podido ganar algunas batallas de diseño. Bien, en ese momento la encuesta la efectué con mis compañeros de clases que en su mayoría eran árabes, chinos y sur coreanos, la misma pretendía recaudar información de espacios creativos que nos alentaran a diseñar. Después de analizar todas las variables de los resultados, entendí que en realidad no estaba inventando nada nuevo y básicamente lo que todos queríamos era diseñar en un Starbucks, pero con el café más barato. Por supuesto, en ese momento había que tomar en cuenta las limitantes espaciales y económicas del proyecto, y por ello deseaba que fuese un espacio cambiante, adaptable, y progresivo, capaz de evolucionar a cuando las condiciones fueran más favorables. Desde el principio la esencia ha sido siempre la misma de cualquier otro espacio de diseño exitoso, un área abierta, con luz natural, sin jerarquías, sin privados para los “jefes”, limpio, donde hubiera contacto con el exterior, que preferentemente viéramos el mar y los bellísimos atardeceres de la baja. Un espacio que desde dentro generará ciudad y que a la vez, nos hiciera sentir bien, y donde hasta pudiéramos echarnos un tequila el viernes por la tarde. En fin, transmitir lo que todos los encuestados queríamos, espacios con calidad humana. La importancia de esto es tremenda, no dejo de considerarlo jamás. No sobre-pienso el diseño, este considero que es un error común, también entre algunos miembros de mi equipo. Algunas veces es mejor analizar a un nivel más elemental, cómo se viven y poseen los espacios. Si un espacio por bello que sea, no permite el ser habitado y poseído con plena flexibilidad, entonces no cumple con su fin mas básico, que es el servir y contener la actividad humana. Siempre pienso antes de diseñar que estaría “chingón” hacer, en cómo reinterpretaría aquello que ya existe de otros lugares exitosos. Esta creo yo es la base de cualquier proyecto que diseñamos en COFER: Los materiales humanos. Y aunque esto es algo que ha quedado tan en el olvido, con todos esos pisos espantosos que imitan madera, pero que no lo son y evidentemente no se perciben al tacto como madera. Con todas esas cubiertas que parecen de piedra y no lo son, y por ejemplo la  moda de una colección de porcelanatos que parecen concreto pero no lo son, es horrible, esto me parece absurdo. ¿Por qué querrías adoptar la apariencia de un material sin comprometerte con las características que lo hacen posible? Es como negar la esencia  intrínseca en él. Creo que es más que necesario exaltar la honestidad de los materiales, y amarles mas allá de su apariencia. El ambiente de trabajo en un estudio de diseño es usualmente más relajado que en una oficina convencional, y permitimos que el staff, (arquitectos, diseñadores, licenciados, comunicólogos e ingenieros) escoja su lugar de trabajo cada mañana, excepto los ingenieros que siempre se sientan en el mismo sitio y se enojan si alguien los mueve. Yo trabajo en una barra alta, disfruto que mis compañeros de trabajo, a falta de otro espacio, se acerquen y se apoderen de mi espacio personal, que lo vivan y extiendan en él sus planos y sus maquetas. Esta fué la idea desde la cual giró el diseño desde el principio, y ha funcionado tremendamente bien no solo para la fabricación de los proyectos, sino para la comunicación entre personas, para elevar el ánimo general del equipo, y en consecuencia para generar un buen ambiente de trabajo. En COFER, diseñamos para humanos. Punto. Si no has visto el proyecto da click aquí.

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