Millenials

​Esta semana ha sido de lo más “cool”. Instalé uno de los proyectos más bonitos que he diseñado en interiores, un pent-house en un edificio histórico en pleno corazón de Polanco. Estar fuera de La Oficina por periodos prolongados siempre da un poco de tiempo extra, he aprovechado el tiempo para ponerme al día con mi master, y  leer profundamente sobre los “Milllennials”. Lamentablemente la mayoría de las notas serias sobre este sector de la población son hechas por “no-millennials”. Por definición soy un Arquitecto “millennial”, pero para decepción de algunos, para nada me identifico con aquello que suele describirme como parte de la “generación y”. De hecho, en lugar de una descripción, leo un montón de oportunidades desaprovechadas y en consecuencia, perdidas.Aunque en alguna entrada anterior hablé de aquello que creo que define a un arquitecto eficiente, muchas de esas características no las encuentro en un profesional “millennial” que siempre prefiere vivir “la experiencia” del momento sobre las ataduras y lujos. Para mi, preferir la experiencia es vivirla al máximo, sea cual sea, lo bueno y lo malo. Esto no debe significar que cuando el momento se ponga amargo, se tomará la primera válvula de escape y se saldrá corriendo. Ocho arquitectos, todos “millennials”, conforman mi equipo de diseño, y para ellos no es valido quebrarse ante la presión de un proyecto. Han aprendido del mundo real, el mismo que sigue sediento de profesionales serios, eficientes, comprometidos, pero sobretodo, suficientemente maduros. Ese mundo acoge y premia a los que reúnen estas características en una generación cada vez mas escasa de ellas.   ​ La falta de compromiso “nos” define como colectivo, y es nuestro gran mal. Según el autor Freddy Dominguez de la revista “Forbes Mexico”; somos la generación que teme comprar una casa porque nos hace perder la percepción de un espíritu aventurero y por ello terminamos viviendo con nuestros padres hasta los treintas. Odiamos la idea del matrimonio por no tolerar las ataduras sociales, no poseemos un auto por costoso y porque UBER ya no lo hace una prioridad, ni bodas, ni hijos, ni trabajo estable ya que vamos de una empresa a otra, a como nos sintamos a gusto. Es decir, no queremos compromisos de ningún tipo. Mucho de esto sería motivo de vergüenza para la generación anterior y para algunos de esta, como yo. De acuerdo al diario británico “The guardian”, los “millennials” compartimos otra característica, estamos definidos por ser una generación más pobre que nuestros padres. Esto en buena medida, es consecuencia de todos esos contratos sociales y bancarios, que decidimos no adquirir, todos esos compromisos de largo plazo que decidimos saltarnos. Pero al igual que en la generación de nuestros padres, el retorno inmediato que esperamos sigue sin existir. Ser criados en la época de la equidad generalizada nos ha hecho esperar una recompensa obligada, sin saber sacrificar. Las cosas reales en esta vida no se dan y desechan fugazmente como likes en Facebook.  Casos como el de Mark Zuckerberg o el de Kevin Systrom, millonarios y visionarios jóvenes, son aislados, y sin embargo una generación entera parece estar esperando vivir bajo los mismos estándares. Hoy los “millennials” ganamos menos, pero gastamos más. ​ Mirar al futuro.  “En momentos de barbarie”, dice Philippe Stark, “el arte puede esperar”.  Yo creo que para el “millennial”, la experiencia puede y debe esperar. México está social y económicamente sediento de reestructuración. En este panorama se requieren arquitectos y diseñadores creativos, capaces de restaurar a través de su obra el tan dañado tejido social que tenemos. Los “millennials” tenemos cualidades únicas que traer a la mesa de juego laboral. Según “Goldman Sacks”, somos la generación mas saludable de la historia, tenemos claridad tecnológica y hacemos elecciones inteligentes. También somos colaborativos, innovadores, y somos la generación con más herramientas disponibles de la historia para ejecutar en cualquier fin que nos propongamos. Con todas estas cualidades únicamente hace falta la voluntad, la dedicación, y la pasión necesaria para triunfar en cualquier encomienda. ​ Comenta, comparte.

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