Subestimar

Cuando me gradué de la escuela de Arquitectura del Tec de Monterrey, jamás pensé que el diseño de interior estuviera en mi sangre. De hecho mi fuerte inclinación a los principios del Movimiento Moderno, me hacían pensar que era absolutamente innecesario. Lo odiaba y ciertamente lo subestimaba. ¿Qué harías si todos te dicen que eres bueno en algo que no quieres hacer? Solo queda un par de opciones: luchar contracorriente o aceptarlo.
No fue hasta que finalicé mi maestría, pese a la critica de mis excompañeros de carrera, que acepté los primeros encargos en interior. Cada vez que diseñaba y ejecutaba un proyecto me daba cuenta que tenía un enfoque distinto al resto de los diseñadores de interior. Mientras algunos usualmente solo amueblan un espacio, yo siempre quería abrir nuevas rutas de acceso, ventanas más grandes, cambiar la iluminación, y en definitiva alterar todas las instalaciones y formas del edificio. Por supuesto que más de un par de señoras que solo pensaban en retapizar su sala se asustaron cuando tiramos los primeros muros, y ni hablar de sus arquitectos.

​No lo sabia entonces, pero estaba haciendo arquitectura de interior, y no interiorismo. Y para mi sorpresa era bastante bueno en ello. Poco a poco nuevos y mayores proyectos llegan a mi pequeño estudio. Me siento comprometido a darle mi trabajo profesional un enfoque distinto al del típico “diseño de interior”. Desde mi primer proyecto uso las mismas herramientas que un arquitecto o un ingeniero para enfrentar un proyecto. De hecho, es común que comencemos en interior y terminemos modificando gran parte de la construcción original. No lo puedo evitar, me apasiona llevar a los clientes a resultados que no imaginaban y rara vez me quedo adentro.

Mientras que algunos diseñadores prefieren tener un espacio en blanco sobre el cual intervenir con la libertad de hacer lo que les plazca, yo por el contrario, prefiero clientes que tengan una opinión, experiencias, y antigüedades interesantes que hayan adquirido a lo largo de su vida. En vez de imponer un estilo propio, el cual ciertamente tengo, mi trabajo es generar la mejor versión posible del gusto personal de mis clientes y del espacio que habitan. Los espacios cuentan historias, y no existe en esta profesión nada más gratificante que escuchar a otros decir que les has ayudado a enmarcar y a generar experiencias de vida de una manera más bella.

En definitiva, la arquitectura y la arquitectura de interior son dos mundos distintos, y aunque se complementan bien, no siempre ambos son necesarios. Para mi, la educación arquitectónica ha marcado profundamente el desarrollo de mi estudio de interiores, pero también lo ha sido la participación de las personas adecuadas. Hoy, COFER Studio tiene un equipo diverso y dinámico que se compone no solo de interioristas, sino también de arquitectos, comunicólogos, diseñadores industriales, licenciados, e ingenieros que en conjunto intentamos generar proyectos progresistas. Arquitectos, por favor, no subestimen a los interioristas quienes probablemente terminemos haciendo su trabajo. ¡Pronto comenzaremos la construcción de una casa que promete mucho! Les mantendré informados.

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