Arquitecto complice o incorruptible

Tras los sismos del 09 y 19 de septiembre me he cuestionado si cambiaría el diseño de la casa 401 que diseñé y está actualmente en construcción. La decisión final es que no lo haría, porque desde la primer etapa de diseño, mi prioridad ha sido la estabilidad y firmeza de la estructura de la construcción. El reto es siempre integrar delicadamente una estructura robusta a la estética general de la casa. Esto no es nada nuevo, el movimiento moderno exploró vastamente la belleza de las estructuras y materiales expuestos en la arquitectura y les devolvió la dignidad a estos elementos que habían pasado siglos ocultos tras ornamentación innecesaria.

Hoy como arquitecto y mexicano me pregunto, ¿Cómo puedo ayudar mas allá de las brigadas de emergencia que estallaron justo después del sismo? Hoy siento no solo la necesidad, sino la obligación de colaborar de manera más permanente, responsable, y sostenida para impedir que uno de mis diseños y construcciones cobren la vida de un inocente. Como profesionista no quisiera ser nunca responsable de una atrocidad de esa envergadura; pero como ser humano no creo que podría vivir sabiendo que por poco ético, entregué una estructura débil para aquellos que confiaron sus vidas en mí.


En cuanto a esto, una anotación simple y que debe ser entendida como una anotación no política, sino de la actualidad que está frente a nuestros ojos cada día, en cada una de nuestras ciudades, y que define nuestro ejercer arquitectónico. Los niveles de corrupción en México han llegado al punto donde es indignante seguirlos solapando simplemente haciendo nada. El dejar de cerrar los ojos ante esta absurda realidad debe ser la prioridad número uno de cada ciudadano, independientemente de sus intereses económicos personales.

Solo diez días después del sismo, el 29 de septiembre, se reportó la caída del sistema de la SEDUVI, la cual contiene en su base de datos el uso de suelo autorizado y responsables de cada una de las construcciones de la Capital del país. Esta valiosa infraestructura digital se reporta severamente dañada y no se sabe si se recuperará su contenido. Por decir lo menos, esto es extremadamente conveniente para todos aquellos corruptos enriquecidos que escondieron, omitieron, y mintieron al código de construcción vigente en la ciudad de México. Seguir callando ante tal atrocidad nos convierte en cómplices de aquellos que traficaron influencias para que “pasaran” los peritajes de construcción las decenas de edificaciones hoy derrumbadas y las cientos que deberán ser demolidas tras el sismo del 19 de septiembre, que cobró la vida a más de quinientas personas.

El diario La Opinión llama a Enrique Peña Nieto el peor presidente de la historia reciente de México por los abismos sociales acrecentados durante su administración. Mientras que USA Today se refiere al presidente de México como el mandatario más repudiado por su propio pueblo. Me gustaría pensar que no es un tema de índole personal, sino que él, EPN es solo un símbolo del hartazgo popular hacia una clase política económicamente enriquecida pero moralmente decadente. Un sector distante de nosotros, su propio pueblo. Un sector plagado de actores públicos tristes, rutinarios, inmutables, avariciosos, y que no me representan, ni representan a toda una nueva generación de profesionistas millenials.

A los profesionistas de la construcción: Ingenieros, arquitectos, diseñadores de interiores, constructores, albañiles, peritos, e involucrados el mensaje es simple y claro. Sean incorruptiblemente éticos en su ejercer profesional. La característica más fundamental que tenemos como seres humanos es el valor incalculable que damos racionalmente a la vida de nuestros semejantes. No permitamos que intereses mezquinos arrebaten de nuestra vida nuestros mas profundos valores. Denunciemos tenazmente y alcemos la voz inquebrantablemente ante aquello que atenta contra nuestros principios y contra nuestra propia humanidad.

Hasta la próxima.

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